Randy Remington
Randy Remington

Estamos viviendo en un tiempo donde todo parece estar estremeciéndose. Los sistemas políticos, los mercados financieros, la salud personal, las normas sociales y aun las prácticas eclesiales están pasando por un tiempo de estremecimiento.

Como seguidores de Jesús, no somos inmunes a las caídas del mercado o a los virus que se convierten en pandemias. Nunca se nos prometió una vida “libre de tormentas”, pero se nos prometió una vida “a prueba de tormentas” porque vivimos de acuerdo a las realidades de un reino celestial inconmovible.

En aquella ocasión, su voz conmovió la tierra, pero ahora ha prometido: «Una vez más haré que se estremezca no solo la tierra, sino también el cielo». La frase «una vez más» indica la transformación de las cosas movibles, es decir, las creadas, para que permanezca lo inconmovible. Así que nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a él le agrada, con temor reverente, porque nuestro «Dios es fuego consumidor». (Hebreos 12:26-29, NVI)

El estremecimiento en el mundo natural puede ser un reflejo de un estremecimiento espiritual. El cielo y la tierra están estremeciéndose simultáneamente. El estremecimiento es una interrupción que trae un desplazamiento o cambio en cómo vivimos nuestras vidas. El pueblo de Dios responde al estremecimiento con adoración reverente y llena de asombro (v.28) y con atención a lo que Dios está haciendo en la tierra (v.26).

Cuando ocurre un estremecimiento, los fundamentos defectuosos son expuestos y los fundamentos estables son revelados. Cuando todo en la vida se siente vulnerable, la gente estará buscando aquello que no puede ser estremecido. Ciertamente, estos son días de desafío—pero también son días de gran oportunidad.

Cada gran avivamiento en la historia fue precedido por algún tipo de calamidad, interrupción o necesidad apremiante. Cuando ocurre un estremecimiento en la tierra, los cielos también están estremeciéndose a fin de revelar el reino venidero. Los despertares nacen de los estremecimientos.

Oración & Reflexión

  1. La clave para vivir sobre un fundamento firme e inquebrantable es escuchar y obedecer la Palabra de Dios (Lucas 6:46-48). Cuando las cosas están estremeciéndose, es fácil olvidarse de lo que Dios le dijo en su tiempo devocional o de la Palabra que le dio hace una semana. Recuérdese a sí mismo de Su amor por usted, o una promesa que Él ha hablado sobre su vida.
  2. La característica principal de un discípulo de Jesús es cómo “vemos” las cosas. Andamos por fe, no por vista. La fe es la anticipación de ver a Dios hacer cosas poderosas, aún más allá de lo que esté pasando en el mundo natural. Pídale a Jesús incrementar su fe y que le dé ojos para ver lo que Él está haciendo en su vida, familia, iglesia, sitio de trabajo, vecindario y el mundo.
  3. Personalice y ore los Salmos 46 y 91. Recuérdese a sí mismo de su Dios inquebrantable, y sea renovado en asombro y adoración reverente de nuestra Roca y Fortaleza.
  4. Durante este tiempo de distanciamiento social y temor generalizado, saque intencionalmente tiempo para la oración diaria y enfocada. Interceda por su comunidad, por los afligidos y por los vulnerables. Que nos arraiguemos a una vida “a prueba de tormentas” al continuar experimentando el reino inquebrantable de Dios.

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es el presidente electo de La Iglesia Cuadrangular (EE.UU.)
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