Escritura de hoy
Aquellos de entre ustedes que tratan de ser justificados por la Ley han
roto con Cristo; han caído de la gracia. Nosotros, en cambio, por obra
del Espíritu y mediante la fe, aguardamos con ansias la justicia que
es nuestra esperanza. En Cristo Jesús de nada sirve estar o no estar
circuncidados; lo que vale es la fe que actúa mediante el amor… Les
hablo así, hermanos, porque ustedes han sido llamados a ser libres; pero
no se valgan de esa libertad para dar rienda suelta a sus pasiones. Más
bien sírvanse unos a otros con amor. En efecto, toda la Ley se resume
en un solo mandamiento: «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Pero si
siguen mordiéndose y devorándose, tengan cuidado, no sea que acaben
por destruirse unos a otros.
—Gálatas 5:4-6; 13-15 (NVI)
Cita adicional
Reflexione en la Palabra
¿Y si la medida del éxito, cuando se trata de nuestra espiritualidad, no fuera la que creemos? ¿Y si a Jesús le importaran menos nuestros
santuarios llenos, nuestras prácticas religiosas semanales, nuestros sermones elocuentes y las canciones que cantamos en el culto? ¿Y si le importara más nuestra capacidad de amar a quienes nos ha llamado a servir?
En Gálatas 5, Pablo derriba un argumento sobre la legalidad de la práctica religiosa y lo reemplaza con un mandato de servir con
humildad—motivados por el amor. En 1 Corintios 13, Pablo presenta el amor como el estándar de lo esencial. Si alguien posee gran oratoria, la capacidad de predicar la Palabra con poder, una gran fe o incluso la capacidad de sacrificarlo todo por el evangelio, pero no está motivado por el amor, no tiene nada que mostrar a cambio de todo su esfuerzo.
¿Por qué es tan importante el amor para la vida del creyente? Quizás alcancemos a ver la respuesta en 1 Corintios 13:8-10. Si bien dones
como la profecía, las lenguas y el conocimiento son para nuestra edificación y beneficio durante nuestra vida acá en la tierra, cesarán al
completarse todas las cosas en la eternidad.
¿Pero el amor? El amor perdura más allá de nuestra asignación temporal, hasta la plenitud del reino de los cielos. Después de todo, fue
el amor el que nos compró un lugar en ese reino y el que nos impulsa a invitar a otros a la familia de Dios.
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!” (Efesios 2:4-5, NVI).
Oración + contemplación
- Reflexione sobre los primeros momentos de su vida en Cristo, cuando estaba alcanzando a ver por primera vez el amor que Cristo derramó sobre usted. Pídale al Espíritu Santo que avive ese mismo amor en su corazón por las personas que le rodean.
- Agradezca a Dios por Su amor por usted, derramado sin medida, y tómese un momento para arrepentirse por las veces que no le ha dado ese gran amor a quienes le rodean y a quienes le son difíciles de amar.
- Pídale al Espíritu Santo que escudriñe su corazón y produzca el fruto que se alinea con 1 Corintios 13:4-7 al someterse a Su instrucción y consejo en su vida.



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