Día 7: Fe que no se rinde

¿Qué sucede cuando no recibimos una confirmación inmediata de Dios? Perseguir la presencia de Dios significa permanecer fieles en la oración. Incluso cuando las respuestas tardan, permanecemos a Sus pies.

Escritura de hoy

Citas adicionales

Reflexione en la Palabra

La fe es la puerta de entrada a nuestra salvación. Es por fe que somos justificados y declarados justos ante Dios.

Sin embargo, la obra de la fe no termina en el momento de la salvación—es también la fuerza sustentadora de una vida cristiana
victoriosa. La misma fe que abre la puerta a la vida eterna nos concede paz con Dios, acceso a Su gracia y la fuerza para permanecer firmes. Ancla nuestra esperanza en la gloria de Dios—una esperanza que no es frágil ni incierta, sino segura y firme. Como escribe Pablo en Romanos 5, esta esperanza no nos defrauda, porque su fuente es el amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.

Como la viuda persistente que acudió una y otra vez al juez injusto en Lucas 18, la fe nos impulsa a perseverar sin vergüenza, plenamente convencidos de que recibiremos lo que Dios ha prometido. Es una fe que perdura, que cree y que sigue viniendo.

No podemos darnos el lujo de perder esta clase de fe—ni permitir que se debilite. Las palabras de Jesús a Pedro en Lucas 22:31-32 nos
hacen reflexionar: “Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo. Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe”. Incluso en las pruebas más duras, lo que más importa no es nuestra fuerza, sino nuestra fe. Incluso hoy, Cristo intercede por nosotros—para que nuestra fe, aunque puesta a prueba, sea probada genuina y victoriosa hasta el final.

Oración + contemplación  

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