Escritura de hoy
Jesús les contó una parábola para enseñarles que ellos debían orar en
todo tiempo, y no desfallecer: «Había en cierta ciudad un juez que ni
temía a Dios ni respetaba a hombre alguno. También había en aquella
ciudad una viuda, la cual venía a él constantemente, diciendo: “Hágame
usted justicia de mi adversario”. Por algún tiempo el juez no quiso,
pero después dijo para sí: “Aunque ni temo a Dios, ni respeto a hombre
alguno, sin embargo, porque esta viuda me molesta, le haré justicia;
no sea que por venir continuamente me agote la paciencia”». El Señor
dijo: «Escuchen lo que dijo el juez injusto. ¿Y no hará Dios justicia
a Sus escogidos, que claman a Él día y noche? ¿Se tardará mucho
en responderles? Les digo que pronto les hará justicia. No obstante,
cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la tierra?».
—Lucas 18:1-8 (NBLA)
Citas adicionales
Reflexione en la Palabra
La fe es la puerta de entrada a nuestra salvación. Es por fe que somos justificados y declarados justos ante Dios.
Sin embargo, la obra de la fe no termina en el momento de la salvación—es también la fuerza sustentadora de una vida cristiana
victoriosa. La misma fe que abre la puerta a la vida eterna nos concede paz con Dios, acceso a Su gracia y la fuerza para permanecer firmes. Ancla nuestra esperanza en la gloria de Dios—una esperanza que no es frágil ni incierta, sino segura y firme. Como escribe Pablo en Romanos 5, esta esperanza no nos defrauda, porque su fuente es el amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.
Como la viuda persistente que acudió una y otra vez al juez injusto en Lucas 18, la fe nos impulsa a perseverar sin vergüenza, plenamente convencidos de que recibiremos lo que Dios ha prometido. Es una fe que perdura, que cree y que sigue viniendo.
No podemos darnos el lujo de perder esta clase de fe—ni permitir que se debilite. Las palabras de Jesús a Pedro en Lucas 22:31-32 nos
hacen reflexionar: “Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo. Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe”. Incluso en las pruebas más duras, lo que más importa no es nuestra fuerza, sino nuestra fe. Incluso hoy, Cristo intercede por nosotros—para que nuestra fe, aunque puesta a prueba, sea probada genuina y victoriosa hasta el final.
Oración + contemplación
- ¿Recuerde y reflexione sobre las oraciones que Dios ha
respondido en su vida. ¿Cómo ha sido respondida su oración persistente en el pasado? ¿Cómo se ha mostrado Dios fiel? - ¿Hay alguna oración que haya hecho y que sienta que Dios haya ignorado? Traiga esa oración de nuevo ante Dios. Pídale que le dé perseverancia como la viuda persistente de Lucas 18.
- ¿Conoce a alguien que esté luchando con una oración sin respuesta? Presente a esa persona ante Dios y ore que Dios le ayude a no desistir de su petición. Ore que Dios le muestre que es escuchado y que actúe a su favor.



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