Escritura de hoy
Por la gracia que se me ha dado, digo a todos ustedes: Nadie tenga un
concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de
sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado.
Pues, así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos
miembros, y no todos estos miembros desempeñan la misma función,
también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y
cada miembro está unido a todos los demás. Tenemos dones diferentes,
según la gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de profecía,
que lo use en proporción con su fe; si es el de prestar un servicio, que lo
preste; si es el de enseñar, que enseñe; si es el de animar a otros, que los
anime; si es el de socorrer a los necesitados, que dé con generosidad; si
es el de dirigir, que dirija con esmero; si es el de mostrar compasión, que
lo haga con alegría.
—Romanos 12:3-8 (NVI)
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Reflexione en la Palabra
Una chispa tiene dos posibles finales—manifestarse repentinamente en un destello de luz y luego apagarse por completo, o encontrarse con algo inflamable y encenderse en algo mucho mayor que ella misma.
Como hijos de Dios y receptores del Espíritu Santo, todos tenemos dos caminos similares de los cuales elegir. Cuando el Espíritu Santo
deposita una chispa en nuestro interior, en la forma de un don, junto con un propósito del reino, o nos encenderemos con la emoción inicial de todas las posibilidades y luego nos apagaremos al no conectar con nada fuera de nosotros, o seremos personas que reconocen que el propósito de nuestros dones y pasiones es encender el mundo que nos rodea, y conectaremos nuestra llama con cualquier cosa que pueda incendiarse.
En 2 Timoteo 1:6-10, Pablo insta a Timoteo a avivar el don de Dios, no siendo tímido ni avergonzándose del mensaje de Cristo, sino
demostrando una vida de poder, amor y dominio propio a quienes lo rodean.
En Romanos 12, Pablo lo hace sonar tan sencillo cuando lo resume así: “¿Tienes el don de profecía? ¡Profetiza! ¿Eres capaz de servir?
¡Sirve! ¿Tu don es la capacidad de enseñar, animar o dar? ¡Enseña! ¡Anima! ¡Da!”
Sea lo que sea que tengamos, derramémoslo sin reservas en el mundo que nos rodea. Al hacerlo, descubriremos que nuestros dones nunca se apagan, y nuestra chispa nunca disminuye, sino que ardemos con más fuerza y brillo de lo que hubiéramos podido hacer por cuenta propia.
Oración + contemplación
- Reflexione sobre los dones que Dios le ha dado y cómo se alinean con el propósito que Él ha colocado sobre su vida.
- Pídale al Espíritu Santo que ilumine cualquier don que haya estado guardando para sí mismo por timidez o por una inclinación a la auto-preservación.
- Encomiende sus dones y sus pasiones al Señor. Ofrézcase de nuevo a Él como sacrificio vivo, dispuesto a derramarse por el bien del mundo que le rodea.



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