Día 11: Fe que cumple su propósito dado por Dios

La fe es un don, pero también nos llama a una misión. Una de las mejores maneras de transmitir la fe es caminar en las buenas obras que Dios diseñó para nosotros.

Escritura de hoy

Reflexione en la Palabra

Una chispa tiene dos posibles finales—manifestarse repentinamente en un destello de luz y luego apagarse por completo, o encontrarse con algo inflamable y encenderse en algo mucho mayor que ella misma.

Como hijos de Dios y receptores del Espíritu Santo, todos tenemos dos caminos similares de los cuales elegir. Cuando el Espíritu Santo
deposita una chispa en nuestro interior, en la forma de un don, junto con un propósito del reino, o nos encenderemos con la emoción inicial de todas las posibilidades y luego nos apagaremos al no conectar con nada fuera de nosotros, o seremos personas que reconocen que el propósito de nuestros dones y pasiones es encender el mundo que nos rodea, y conectaremos nuestra llama con cualquier cosa que pueda incendiarse. 

En 2 Timoteo 1:6-10, Pablo insta a Timoteo a avivar el don de Dios, no siendo tímido ni avergonzándose del mensaje de Cristo, sino
demostrando una vida de poder, amor y dominio propio a quienes lo rodean.

En Romanos 12, Pablo lo hace sonar tan sencillo cuando lo resume así: “¿Tienes el don de profecía? ¡Profetiza! ¿Eres capaz de servir?
¡Sirve! ¿Tu don es la capacidad de enseñar, animar o dar? ¡Enseña! ¡Anima! ¡Da!”

Sea lo que sea que tengamos, derramémoslo sin reservas en el mundo que nos rodea. Al hacerlo, descubriremos que nuestros dones nunca se apagan, y nuestra chispa nunca disminuye, sino que ardemos con más fuerza y brillo de lo que hubiéramos podido hacer por cuenta propia.

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