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Me fascina planificar. Antes de tomar una decisión, intento ser diligente y hacer mi tarea y contemplar diferentes escenarios. Generalmente pido el consejo de los que son más sabios que yo cuando estoy haciendo mis planes. Puedo decir con sinceridad que mis planes siempre son bien pensados e impresionantemente buenos.

El Rey Salomón fue un hombre sabio en extremo, muy capaz de elaborar planes excepcionales. Sin embargo, él mismo admitió que no importa cuán bien intencionados sean nuestros planes, el propósito de Dios prevalece sobre ellos.

Puedes hacer todos los planes que quieras, pero el propósito del Señor prevalecerá (Proverbios 19:21, NTV).

Para ilustrar este punto con un personaje bíblico, meditemos en Juan el Bautista. Dios tenía un claro propósito para él—preparar el camino para la venida del Señor. Estoy seguro de que Juan tenía una idea de cómo cumplir ese propósito: convertirse en un profeta radical, predicar un mensaje de arrepentimiento, usar ropa tejida de piel de animales, alimentarse de langostas con miel, y acampar junto al río Jordán para bautizar en agua. ¡Esos eran planes grandiosos! Pero les puedo garantizar que ser encarcelado y luego degollado nunca fue parte del plan de Juan. Por eso, cuando estaba en la cárcel, luchó para alinear sus planes con el propósito de Dios.

Juan hizo muchos planes pero el propósito de Dios prevaleció. No solo fue el precursor que preparó el camino para la venida del Señor; también fue considerado por Jesús como el más grande entre los hombres (Mateo 11:11).

¿Qué hacemos cuando nuestros bien intencionados y cuidadosamente elaborados planes no funcionan como esperábamos? Mi primera reacción es frustración y confusión. No entiendo porque Dios no se alinea con mis súper geniales planes.

Antes de aceptar el privilegio de servir como Supervisor del Distrito Pacific Southwest, tenía planes maravillosos para mi vida. Planeaba seguir liderando la iglesia que había plantado en una nueva temporada de fructificación; planeaba hacer renovaciones a mi casa en Honolulu; planeaba criar a mis hijos en Hawaii hasta la edad universitaria; y planeaba hacer más cosas grandes para el reino de Dios. Pero el propósito de Dios siempre prevalece sobre nuestros planes.

Muchos de nosotros tratamos de convencer a Dios de cuán buenos son nuestros planes e intentamos que Él alinie Su propósito con nuestros planes. Usamos la oración para decirle a Dios lo que queremos. Sin embargo, Jesús nos revela una manera diferente de orar y seguir a Dios. En el huerto de Getsemaní Él declaró: “que se haga tu voluntad, no la mía” (Mateo 26:39). En otras palabras, “Mi plan para ti es que quites esta copa de sufrimiento. Algunos de los discípulos piensan que es buena idea no ir a la cruz, pero no se trata de lo que yo quiero, se trata de lo que Tú quieres. No mis planes sino Tu propósito, deberán prevalecer en mi vida”.

Si tu vida personal o ministerio no marchan de acuerdo a tus planes, anímate hoy. El propósito del Señor prevalecerá. Y lo bueno de todo es que Dios conoce los planes que tiene para nosotros. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darnos un futuro y una esperanza (Jeremías 29:11).

También recuerda que todas las cosas – especialmente aquellas que no van de acuerdo a nuestro plan—¡cooperan para el bien de quienes aman a Dios y son llamados según Su propósito! Dios es bueno y fiel. Su propósito para nosotros es bueno y fiel. Cuando nuestra vida no se ajusta a nuestro plan, tenemos la esperanza de que estamos en buenas manos por el buen y fiel propósito que Dios tiene para con nosotros. Y en vez de pedirle a Dios alinear Su propósito con nuestros planes, oremos para que nuestros planes siempre estén alineados con el propósito de Dios.

Puntos de Oración

  1. Ore “no según mi voluntad, sino de acuerdo a la Tuya”.
  2. Ore por discernimiento y ánimo para conocer los planes de Dios para su vida.
  3. Ore que Dios le permita estar disponible y dispuesto a soltar sus propios planes y seguir Su guía.

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is the former supervisor for the historic Pacific Southwest District of The Foursquare Church.
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